El síndrome de la página en blanco

Me juego las dos manos, que tanto hace falta para “lo nuestro”, a que absolutamente todos los que amamos escribir nos ha ocurrido esto de lo que voy a hablar a continuación aunque por el título de la entrada ya sabréis de lo que hablo.

Me refiero al llamado “síndrome de la página en blanco”. Ese terrorífico momento en que te enfrentas al vacío de la hoja virgen e inmaculada. De los peores momentos para un servidor a la hora de crear.

Recuerdo perfectamente cuando comencé a escribir “El Mundo Rojo”. Exactamente lo mismo que al comenzar mi segunda novela o cualquier relato que haya realizado hasta ahora. Ese instante en que uno piensa: “Sé de lo que quiero hablar. Sé lo que voy a decir. Sé exactamente qué historia voy a crear… pero ¿cómo puñetas la comienzo?”

La historia al completo, o al menos su comienzo y parte del nudo, está ya en tu cabeza. Lleva semanas o meses ahí, creciendo sin control, a sus anchas, pero a la hora de establecer un orden y de intentar ir moldeando todo en el papel, parece que todas las ideas, pensamientos e impulsos creativos que en tu mente lucían perfectamente, se niegan a tomar esa forma tan maravillosa que tenías anteriormente.

De repente todo se vuelve negro. ¿Qué está ocurriendo? Creo que es como todo en esta vida. Compras tu casa y a la hora de decorarla ves que no te sale como lo tenías en mente. Debes ir adaptándote y siendo consciente de que amueblar la casa, pintarla y decorarla no es tan sencillo como lo hacías en tu mundo onírico.

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En las letras ocurre exactamente así. Comienzas tu historia. Te gusta. Continúas. Lo relees y lo odias. De esa forma, comienzas de nuevo, y es precisamente ESO lo más difícil. Dar un inicio fuerte, robusto y con una buena base para que alrededor de ese comienzo todo comience a brotar con seguridad y de forma efectiva.

Sí, muy señores míos. Preferiría que alguien me comenzara mis escritos, únicamente por ahorrarme esa tormenta de ideas que en cuestión de minutos estalla en mi cabeza. Aunque en realidad miento… Nadie podría comenzar mi historia como lo haría yo, o la tuya tal y como lo harías tu. Con lo cual, disfrutemos de cada instante de creación e incluso del dichoso “síndrome de la hoja en blanco”.

Jose Callado

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